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Séptima

Séptima 1

Oviedo, 10 de febrero de 1937

La Nueva España

 

Todos se precipitaban hacia la carretera de Almería, en la seguridad de que por allí tendrían la salida segura; pero no pudieron contar con la actuación enérgicas, terrible, de la aviación nacional, que había de ametrallarles y destruirles.

 

Efectivamente, la carretera parecía un corral de gallinas al verse invadida por camiones y turismos de todas clases, abarrotados de espantados milicianos que, por acelerar la huida, producían continuos accidentes. También abundaban los pelotones de peatones que corrían sin descanso. Al aparecer la aviación nacional se produjo un momento de pánico extraordinario. Los aparatos nacionales comenzaron a lanzar bombas de gran potencia y, bajando a muy poca altura de los fugitivos, los diezmaban con el fuego de sus ametralladoras.

 

La carnicería fue espantosa y el espectáculo tristísimo, pues se veía como los camiones y coches, tratando de huir, pasaban por encima de los heridos, que lanzaban espantosos quejidos. Muchos murieron aplastados.

 

Mientras tanto, en Málaga las cosas no podían ser más favorables para las huestes nacionalistas. Las unidades de la Escuadra se adentraron por el puerto y en dos horas llevaban lanzadas más de 400 potentísimas granadas con singular acierto, que caían en las fortificaciones enemigas, que se desmoronaban y se cubrían de cadáveres.

 

Séptima 3


Perfil marinero en el primer tercio de Cádiz
José Parada Orcha

 

Rebosante era de azul
-azules de mar y cielo-.
Azul, las cien mil camisas,
Azul, el aire de Imperio…
Todo era azul aquel día
En que Málaga fue nuestra.
Y entre ese azul de victoria
Y entre esos arcos de nervios
Que eran los brazos, pasaban
Llenos de gloria y deshechos
Con guiones gaditanos
Desteñido el rojo y negro.
¡Cien mil camisas azules,
cien mil brazos en el cielo,
cien mil pregones de triunfo,
que ya el aire malagueño
tiene gracia de Cádiz,
camisa del primer tercio!

 

Jorge Villén. Antología poética del alzamiento. Cádiz, 1938.

 

Séptima 6


A la ciudad, medio derruida por los bombardeos, ennegrecida por los incendios, le falta el riego de lágrimas y sangre. Con esos líquidos se hace la limpieza. El drama de la ciudad es menos sombrío que el drama de la carretera. Sobre la masa empavorecida que desertó de Málaga, huyendo de las represalias, los aviones de Franco y los navíos nacionalistas se cubren de oprobio. En vuelos rasantes, las ametralladoras de los aviones agotaron sus municiones sobre la muchedumbre desesperada. Madres que se negaban a desprenderse de sus hijos muertos, perdieron la razón. Otras, creyendo salvarse, se arrojaron al mar, donde perecieron. La carretera quedó cubierta de cadáveres y moribundos. Los aparatos repostaban y volvían a su trabajo siniestro. Los buques… “los rápidos progresos de todos estos ataques –han escrito dos apologistas de la victoria de Franco: Brasillach y Bardeche-, determinaron un gran pánico y los fugitivos se aglomeraron en coches y camiones, ensayando llegar a Almería. La mañana del día ocho, la flota nacionalista ancló delante de la Torre del Mar para cerrarles el camino…”. Sus salvas mortíferas hacen carne en una muchedumbre de mujeres, niños y ancianos, a la que se habían mezclado algunos combatientes.

 

R. Brasillach y M., Bardèche. Histoire de la guerre d’Espagne, 1939.


Crónica de la guerra española, 51. Buenos Aires, 1967

Málaga, ataque relámpago

 

Séptima 7

 

Legionarios italianos desfilan por Málaga.


Arenga
Emilio Prados

 

¡Valencianos! ¡Españoles!
Atended a estas palabras:
Os habla un hijo del pueblo,
Os llama un hijo de Málaga,
Que ve sus hermanos muertos
Y sus tierras devastadas,
Que ve rota su familia
Y vio en ruinas su casa.
Málaga tuvo banderas
Que ondearon como llamas
y hoy tiene sólo tristezas
y sangre sobre su espalda,
mirad, mirad, españoles;
mirad qué roja está el agua
que corre en el mar del Sur;
escuchad qué fuerte os llama;
con llanto pide la unión
por tanto tiempo esperada.
Lejos las palabras torpes
que tan sólo nos separan,
dándole fuerza al fascismo
para ganar sus batallas.
cuando la muerte se acerca
con tan terrible amenaza,
tan sólo una voz debemos
dejar paso en la garganta:
¡Unión, unión, proletarios,
hijos valientes de España!
No nos separen partidos;
sólo una bandera salga
delante de nuestro ejército,
flor de nuestras democracias.
Que una sola voz nos lleve,
una disciplina clara
y mano firme de acero,
que al extranjero deshaga.
¡Afuera, afuera invasores,
que nuestra tierra es muy cara
y nuestra sangre muy roja
para que se sienta esclava!
El que la quiera vender
Y aquel que quiera comprarla,
Sobre sus muertas cenizas
Ha de sentir nuestras plantas.
¡Valencianos! ¡Españoles!
Si hoy hemos perdido Málaga,
y si su triste recuerdo
con sus ejemplo nos levanta:
mojemos nuestras banderas
en su sangre derramada.
¡Viva nuestra independencia!
¡Viva libre nuestra España!

 

Rafael Alberti. Romancero General de la Guerra Civil Española, Buenos Aires, 1944.

 

Séptima 8


 

La caída de Málaga se produjo el 8 de febrero de 1937, cuando una columna franquista, al mando del duque de Sevilla, irrumpió en la ciudad, seguida tres horas después por un columna italiana. Diez mil prisioneros cayeron en poder de las tropas de Queipo de Llano. Las consecuencias de la caída de la ciudad fueron  trágicas. En Málaga se estrenó la Auditoría de Guerra del ejército de ocupación que respondió a la anterior represión con otra, bajo la ley del talión. En la otra zona, el gobierno de la República abrió un sumario contra los responsables militares, que fueron procesados aunque luego muchos fueron rehabilitados. Sin embargo, está claro que en la pérdida de Málaga tuvieron una directa responsabilidad la enemistad existente entre el coronel Asensio, subsecretario de Guerra, y el Partido Comunista. El comisario del sector de Málaga, Cayetano Bolívar,  era diputado comunista, y el Comité de Guerra se encontraba dominado por los comunistas y los anarquistas. No hubo entendimiento entre Málaga y el coronel Asensio, entre Málaga y Largo Caballero, ministro de la Guerra.

 

Antonio Manuel Moral Roncal. El asilo consular en Málaga (1936-1937): Humanitariamo y diplomacia.

 

Arriba

Ideas, L’Hospitalet de llobregat. 11 de febrero de 1937

La experiencia de Málaga

 

Málaga es apuñalada, destrozada, desangrada por las hordas fascistas, pero éstas no son las mayores responsables de que hayan podido entrar [sino] los interesados en hacer fracasar la Revolución humana que se ha iniciado en España y que prefieren el fascismo al triunfo de la causa de los trabajadores.

 

Séptima 2

 

Queipo de Llano, Charlas radiofónica
Nuestros valientes Legionarios y Regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombre de verdad. Y, a la vez, a sus mujeres. Esto es totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen.

Séptima 4

La toma de Málaga has ido algo parecido a los juegos de los prestímanos. ¿Veis Málaga de este lado? ¿veis que está roja? Se echan unos polvos de la madre Celestina y… Málaga se ha vuelto blanca para siempre. Málaga no volverá a ser roja jamás
---
A los tres cuartos de hora, un parte de nuestra aviación me comunicaba que grandes masas huían a todo correr hacia Motril. Para acompañarles en su huida y hacerles correr más a prisa, enviamos a nuetsra aviación que bombardeó, incendiando algunos camiones (…)

ABC, Sevilla 10/ de febrero de 1937

Crónica de la guerra española, 51. Buenos Aires, 1967

Málaga, ataque relámpago

 

Séptima 5

 

La población simpatizante aplaude a los vencedores.


Carretera de Málaga
Fernando Fernández

 

Sobre la mar y el camino
La noche negra venía.
Fondo de olivos y llamas
tiene el grito de la huída.
en parapetos de nubes
los aviones vigilan
y la rabia de su hierro
va encharcando las colinas
con tuétanos de raíces
y entrañas de roca herida.
- ¿Por qué huyes, muchacha? (El viento,
que las navajas afila,
ha cortado en flor la rama
verde de la bulería).
Con los cabellos ardiendo
y la espalda en carne viva,
la gitana, hija del mar,
sangrando por las rodillas,
cae, se levanta … un balazo
rajó sus pechos de niña
y se le escapa la voz
por los caños de la herida:
¡Me persiguen a traición
cañones de la marina!
Yo estaba de cara al cielo
en mis arenas dormida,
y un sol de marfil antiguo
sobre mi sueño se abría
como una palma del mar
hecha de espuma y de brisa.
¡A traición me mordió el lobo
negro de las baterías!
Como nadie me defiende,
mi piel morena acuchillan
bandadas de cuervos grises
que huelen carne podrida.
Traspasada de espoletas,
¿qué puede una cierva herida?
Hierven en las azoteas
tormentas de dinamita;
se destroza en los barrancos
la flor de mis caballistas
y un vendaval de fusiles
troncha mi cintura fina.
Por tierra, por mar y aire
me están desangrando viva;
por el Puerto de la Torre
olas de tanques venían:
Mirando a Casa Bermeja,
rompe a sudar mi agonía.
Lívido se lleva al mar
mi llanto el Guadalmedina.
¿No veis que, ciega y sin brazos,
de lutos estoy vestida,
que sólo me quedan dos
de siete hermanas que había?
A traición me están hiriendo
los que ampararme debían,
generales renegados
que quieren la monarquía;
molos de mala ralea,
soldados por la rapiña;
estado Mayor de hienas
y babel de sacristías.
Dentro de los esqueletos
Les arden de odio las tripas.
¡Valedme los malagueños,
que se derrumba mi vida;
pescadores de Marbella,
arrieros de Manilva,
escopeteros de Ronda,
valedme, que ya estoy fría!

 

Málaga torna al silencio,
Y en alta noche salina,
Muerde la ametralladora
Sus entrañas ateridas.

 

La Muerte viene de Málaga
Y entra, loca, en Almería.
Un río fuera de madre,
Con aguas despavoridas,
Tiende en la verde cuneta
Estatuas en agonía.
La boca de los heridos
Maldice, mientras suspira:
- ¡Compañerito, remátame,
que el cuerpo se me vacía!
El trote de los caballos
machaca espaldas vencidas,
cruzan rayos de pistolas
las nubes de gasolina
y delante de las sombras,
bañado en sangre y fatiga,
marcha un ángel con espuelas
guiando el trueno de la prisa.
Los niños, en hacaneas
de caderas doloridas,
antes de mamar la leche
con hiel, que nadie les brinda,
entre los dientes estrujan
el clavel de la saliva.
Kilómetros y kilómetros,
Horas y horas, noche arriba …
Mueven los cañaverales
Levantes de artillería
Y por los bosques del cielo,
Sobre el vapor que desfila,
Aún hay águilas de Roma
Y grandes buitres de Bismarck.
Un grito estalla en las venas
fluviales de la Península:
- ¡Que este funeral os queme
hasta el fin de vuestra vida;
pagaréis con intereses
el préstamo de ruinas,
que el vientre de las viudas
lo preñó un tigre ese día!

 

Luz de violeta y pólvora
moja ya la serranía,
los rubios toros del llanto
hacia Motril se encaminan,
y esperando que a su entierro
bajen las claras del día,
sola en el cortijo azul,
una paloma agoniza.
Lleven a Jerusalén
el parte cien golondrinas.

 

Sobre el mar y los olivos,
En la linde de Almería,
Igual que el cráneo de un  potro,
La aurora, roja, se abría.

 

Rafael Alberti, Romancero General de la Guerra Civil Española, Buenos Aires, 1944.